Nelly Elsa Delgadillo de Vidal

«Pinceladas otamendinas y otras vivencias» es la autobiografía de Nelly, publicada en 2008, aquí extractos de la misma.

Plena de ilusiones

MI LLEGADA A OTAMENDI

Llegué a este lugar con mi flamante título de obstétrica, obtenido en la Universidad de La Plata, escuela de parteras, allá por el año 1956 y con mi hija Ana María, que como ya lo dijera es hija de mi primer matrimonio.

Arribé con el alma plena de ilusiones, animada por los familiares que me informaron que no había parteras tituladas en dicha localidad.

Contaba yo con mi otro diploma de docente, profesión que he amado y amo; siempre digo y diré que nací «maestra» por el infinito amor que siempre profesé a los niños.

Con mis títulos y mi bagaje de sueños, ilusiones y esperanzas, me radiqué en una casa bastante grande.

Como mi presupuesto era relativo, para compensar el alquiler del inmueble, subalquilé a un médico pediatra que atendía dos veces por semana; a un médico ginecólogo que atendía una vez por semana y a un odontólogo que lo hacía tres veces por semana, de esta forma con mi trabajo y la parte de ellos pude solventar los gastos.

Allí comencé a trabajar como enfermera, ya que era enfermera asistencial, como partera, tomaba la presión arterial, colocaba inyecciones, etc. todo lo que una enfermera debe realizar.

Y empezaron a llegar partos de distintos lugares del pueblo, del campo y de la zona de influencia, debo decir que mis pacientes iban en aumento, por supuesto con gran alegría para mí.

Los médicos del lugar me alentaron mucho enviándome pacientes, especialmente de los puestos del lugar (las estancias contaban con varios puestos) Por ese entonces fui nombrada partera en la Sala de Primeros Auxilios a instancias del Dr. Caino (en ausencia)

Paralelamente me anoté en el Consejo Escolar de General Alvarado y lentamente fui consiguiendo suplencias. Había allí dos escuelas primarias la Nº 7 y la Nº 8. Unos años después se creó la Escuela Especial Nº 502 y el IMES (Instituto Secundario)

La primera suplencia que realicé fue en la Escuela Nº 8, su directora en ese momento, la Sra. Perla de Feola, quién luego fuera mi gran amiga y consejera.

Otra suplencia la conseguí en el paraje «La Ballenera» también perteneciente a Gral. Alvarado en el cruce de la Ruta 88 con la entrada a Miramar, distante algunos kilómetros de mi lugar.

Allí viví momentos muy gratos, puesto que los lugareños eran personas de campo y quintas lindantes. Me tocó primer grado, un hermoso grupo de pequeños, ávidos por aprender, ingenuos, puros, en fin un conjunto de seres de poca edad que me hicieron muy feliz.

En ese ámbito conocí la bondad, el desinterés de la gente lugareña. En la escuela conocía a Gladys, mi gran amiga, la que aún, siendo señoras mayores me acompaña como desde ese entonces.

Fue una hermosa experiencia, los del lugar nos animaban, nos distinguían como maestras de sus hijos. Yo viajaba desde Otamendi, en una forma muy usual por ese entonces, a dedo, hasta que luego lo pude hacer en auto debido que ya había contraído enlace con Tito, mi gran compañero por más de cuarenta y cinco años que tenía un (auto marca) Opel……» – rememora en el capítulo dedicado a Otamendi.

AMIGAS DE LA VIDA Y LA POESÍA

En este capítulo leemos los siguientes párrafos: En Otamendi coseché un montón de gente linda que compartió mi vida y la de mi familia.

Debo recordar con mucho cariño a Negra Acosta (en ausencia) mi gran amiga, que se fue de la vida cuando aún era muy joven. Tenía una hermosa familia, dos de sus hijos fueron mis alumnos: Andrea, hoy médica ginecóloga y Carlitos, médico cardiólogo. Ellos también fueron amigos de Fabián. También tenía a Mariela, que hoy está al frente del negocio de su papá Cacho (en ausencia) Ella me ayudó mucho cuando partió Tito.

Muchas de mis pacientes fueron luego mis amigas como ser Nivia Tello… Mis vecinas de muchos años, familias que me acompañaron a lo largo de mi estada en esta localidad en la que residí por un espacio prolongado de tiempo.

Asimismo, y aunque ya las nombré en otro capítulo, incidieron en mi vida: Chola, Perla, Dima, amigas y compañeras de escuela.

Hoy día resido en Mar del Plata desde el año 1996, donde adquirí un departamento en el que vivo. Lo llamo; ni última morada en la tierra.

En este momento de mi vida, y ya hace algunos años, he incursionado en la poesía.

La poesía que me acompañó desde mi más tierna infancia -detalla la escritora en el 2008.

Sobre la autora

Nelly Elsa Delgadillo de Vidal nació en Necochea. Desde temprana edad, mostró una profunda vocación por la educación y el cuidado de los demás, lo que la llevó a formarse en diversas disciplinas a lo largo de su vida.

En 1952, Nelly se graduó como Enfermera Asistencial, comenzando así su carrera en el ámbito de la salud. Un año más tarde, en 1953, obtuvo el título de Maestra Normal Nacional en el Instituto Nuestra Señora del Rosario de Necochea, ampliando su compromiso con la educación.

Su dedicación a la salud continuó con la obtención del título de Obstétrica en 1957, otorgado por la Universidad de La Plata (Escuela de Parteras).

Además, su pasión por los idiomas la llevó a convertirse en Profesora elemental de francés en la Alianza Francesa de Mar del Plata.

Nelly también se dedicó a la educación inclusiva, obteniendo en 1989 el título de Maestra de Ciegos en el Instituto de Formación N° 19 de La Plata.

Su formación constante incluyó seminarios sobre educación estética, escuela y comunidad, y educación rural, demostrando su compromiso con el desarrollo integral de sus estudiantes.

A lo largo de su carrera, Nelly fue reconocida por su talento y dedicación. En los años 1996 y 1997, ganó los Concursos Bonaerenses en el rubro de recitado, destacando su habilidad y amor por la literatura.

* Nota del editor: la presente nota es parte de un trabajo de investigación sobre autores de Comandante Nicanor Otamendi a publicarse en breve.