Elpidio Ramírez, un héroe de Malvinas
Con este héroe de Malvinas, a quien dediqué parte del texto que escribí hace dos años, coincidí hoy a la mañana haciendo mandados. No pude no emocionarme, no pude no llorar, no pude no pedirle un abrazo y tampoco pude no pedirle una foto. Gracias eternas!
José Caldeira
LOS CHICOS, TUS HERMANOS, LOS MÍOS, NUESTROS HÉROES
Por José Caldeira
Cada 2 de abril es para los argentinos, un latigazo seco y definitivo que nos parte el alma, como a ellos el helado viento les agrietó la piel de sus jóvenes rostros.
Lo inexplicable sucedió. Un grupo minúsculo de malditos hijos de mil putas en una noche de whiskies escoceses, porque estos canallas sumergían sus sentidos en cotizado alcohol, diseñaron una guerra sin sentido, sin el más remoto de los sentidos, y me voy a permitir repetirles el “hijos de mil putas”.
Un país hecho pedazos, con una economía raquítica y una estructura ya insostenible, era el escenario del momento. La nación sangraba por todos lados y la peor de todas las ideas germinó. «Tenemos que recuperar Las Malvinas», pronunció Galtieri, perdón, el hijo de remil putas de Galtieri, desde el coraje que le otorgaba el sexto vaso cargado del carísimo escocés.
Otros tres uniformados, también borrachos y también hijos de remil putas, aplaudieron, para en el instante siguiente ordenar otra ronda con más hielo. Tomaron cuatro botellas y la maldita resolución. Lo peor del caso era que esos borrachos, eran los que detentaban el máximo poder, hasta ahí intocables.
En un breve lapso se decidió la ocupación y mandaron a los chicos, tus hermanos, los míos, los de todos. Era cumplir con una empresa utópica, inalcanzable, absurda, pero fue tanto, tanto, tanto el coraje, la valentía y el amor de nuestros pequeños gigantes héroes por nuestra bandera, que la batalla se tornó encarnizada y sangrienta contra expertos profesionales, equipados hasta los dientes y provisiones de calidad, mientras los nuestros dieron el alma y su sangre, combatieron con el orgullo y con el corazón en la mano.
La cúpula enemiga siempre habló maravillas de la entrega, el coraje y la rebeldía de los nuestros. Les faltaron balas pero les sobraron testículos. La naturaleza imperial de los Estados Unidos se alió a los detestables piratas y la derrota fue inexorable. Combatir contra dos potencias mundiales fue demasiada desigualdad, así y todo la gallardía de nuestros héroes hicieron las cosas para ellos mucho, pero mucho más complicadas de lo que imaginaron.
Setenta y cuatro días terroríficos y 649 compatriotas que no pudieron volver.
Padres sin hijos, hijos sin padre, abuelos sin nietos y sobrinos sin tíos, más los que con el paso del tiempo no soportaron las secuelas de tanta locura sangrienta y decidieron no permanecer más entre nosotros. A todos ellos, 44 millones de argentinos le debemos mucho, muchísimo más de lo que todos creemos y de lo que ellos piensan.
Un día, a mi pueblo, llegó con sonrisa ancha, pelo con rulos, y las ilusiones que se le caían de los bolsillos, un pibe de Corrientes. Le dieron un fusíl, no le explicaron nada, y lo embarcaron a Malvinas. Peleó por todos, por vos, por mí, por los que están leyendo. Vive a 250 metros de mi casa. De vez en cuando lo veo y solemos charlar. Más de una vez debería abrazarlo y darle las gracias y volver a dárselas cada vez que lo sienta.
Es un héroe como los que no volvieron, como los que no pudieron superar tanto daño psicológico, como los que se sobrepusieron a todo y caminan por suerte entre nosotros.
Gracias Elpidio Ramírez, vecino y héroe de mi patria.-
José A. Caldeira
Escritor
