Editorial

Con más de 100 años nuestra comunidad debe afrontar, tras 114 días de una cuarentena que se fue graduando de fases estrictas a otras que permiten más actividades, el primer caso confirmado de Covid-19.

La realidad indica eso. Y más allá de la crítica y explicaciones. Esa es la realidad que se enfrenta: enorme. Con un virus proveniente desde las antípodas de nuestro tranquilo pueblo que atravesando continentes y océanos ya dio su primer golpe.
Aturdida, conmovida el ALMA DEL PUEBLO afronta un impacto que nunca quisimos.

Y es ahí como cada uno de sus hijas e hijos reconstruyen estos nuevos días de barbijos, máscaras, alcohol en gel. La acostumbrada asfixia de caminar con la boca y nariz tapada y casi reconocer de nuevo a nuestros amigos y vecinos tras los cristales de un anteojo que se empaña.

Es un invierno tan distinto a todos. Inolvidable para todos. Los juegos de las plazas encintados. Las plazas sin niños. Las escuelas sin clases. Y algunos sentimos ese escalofrío de aquellas veces que la viejísima autobomba amarilla recorría las calles por las tardes con esa sirena gimiente.

El aplauso a las 21 hs. dejó de retumbar en las noches y nuevos tiempos vinieron. Más a gusto caminar 500 metros dentro de tal y tal hora. Un poco más de aire aunque la Terminal de micros sea ya casi un bostezo que se quiebra por el aletear de las palomas.

Hoy queda grabada en nuestra memoria como el Intendente en vivo en nuestro celulares informa que “estamos registrando el primer caso de coronavirus en General Alvarado”

Y sigue esta “nueva normalidad” de extremar los cuidados, de ser celosísimo con las medidas de seguridad, de evitar las noticias falsas, los rumores, las mentiras, los enojos.
Por más oscura que sean noches siempre le continúan las mañanas. Y esta gran sombra que amenaza cubrirnos es apenas un velo que todos iremos desmontando.
Las razones son muchas. Hay un futuro que será mejora y espera.
Hay una historia de todos aquellos que caminaron nuestras calles, que construyeron nuestro amado Otamendi que están presentes en todos los rincones que hasta parece que veo a mi viejito con su bolsita de los mandados volver del centro.

En este tiempo oscuro, sofocante, claustrofóbico el bombardeo de noticias suma más ruido y confusión.
En este tiempo oscuro, todos podemos aportar nuestra luz, nuestro esfuerzo, nuestra solidaridad con el afectado, con su familia.
En los tiempos oscuros piensa la semilla que sólo quedar esforzarse por ver la luz del día y respirar el aire puro.
No estamos solos, el futuro es nuestro.
Nuestra pequeña historia de pueblo nos avala.
Somos los que estamos acá y los que no están también.
De esta salimos todos, con todos.
Otamendi, 11 de julio 2020.
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